Resumen del libro de Eckhart Tolle
¿Qué es el espacio interior?
La mente de las personas está llena de cosas, de un pensamiento tras otro,..... Y la vida exterior está llena de cosas que necesitan ser hechas. Parece como si la vida no tuviera suficiente espacio, todas las cosas se suceden una detrás de otra a una velocidad vertiginosa, un pensamiento tras otro, una tarea tras otra, una preocupación tras otra.
No paramos de percibir cosas a través de nuestros sentidos y cada percepción se convierte en un objeto. Y entonces surgen pensamientos que también se convierten en objetos en nuestra conciencia. Continuamente objetos surgen en nuestra conciencia, y esta es la única dinámica que conocen la mayoría de los seres humanos, incluso ellos mismos se conocen a través de una imagen personal en su conciencia que no es más que un objeto también. Tienen opiniones sobre sí mismos y se convierten en un objeto más. Esto es el ego, el convertirse en una imagen mental, un objeto más con el que identificarse.
La dimensión espiritual empieza en el reconocer que en “la conciencia llena de objetos” no está la espiritualidad. Puedes interesarte por innumerables filosofías que suenen interesantes, o doctrinas que suenen a religión pero si no hay espacio dentro de ti, entonces no habrás entrado en contacto con la dimensión espiritual, te habrás quedado en la dimensión de las palabras, de los objetos. Hablamos del espacio que hay por ejemplo entre dos pensamientos.
“La conciencia de los objetos tiene que ser equilibrada con la conciencia del espacio para que la cordura vuelva al planeta y para que la humanidad pueda cumplir con su propósito. El surgir de esta nueva conciencia del espacio es el próximo nivel en la evolución de la humanidad. La conciencia del espacio significa que aparte de ser conscientes de las cosas (percepciones, pensamientos, emociones), también podemos ser conscientes de una conciencia subyacente. Puedes ser consciente no sólo de las cosas sino también puedes ser consciente de que eres consciente”. (Eckhart Tolle).
En un principio cuando la mente oye esto de “ser consciente de ser consciente” no entiende lo que significa. Intelectualmente no se puede describir, hay que experimentarlo. Se puede hacer por ejemplo si miras algo... por ejemplo, miras una flor y en primera instancia eres consciente de esta imagen, lo que ves, tienes una percepción sensorial. Ahora la pregunta sería: ¿Puedes ser consciente también de la conciencia que está percibiendo el objeto, en este caso la flor? ¿Puedes observar la flor y a ti mismo a la vez?
Si puedes ser consciente de la flor y de ti mismo como la conciencia que la percibe, entonces estás añadiendo una nueva dimensión a tu vida. Estás siendo consciente de que eres consciente. Vives en dos mundos a la vez y eso significa que de manera subyacente en tu vida, hay una inconmensurable paz llena de vida. Ser consciente de que uno es consciente es una fuente enorme de paz.
Si no somos capaces de encontrar el espacio entre el pensar, y las percepciones que se dan una detrás de otra sin parar... Entonces nos perdemos en las cosas, y en el mundo.
Cuando somos capaces de ver desde fuera cuándo uno se enfada para no identificarse con ello, es ser consciente de la conciencia. Pero en este caso la conciencia es el fondo de la situación, no la situación en sí. Entonces el espacio interior del que hablamos aquí es el espacio que hay entre “sé que estoy enfadado y diciendo estas cosas” y el yo que observa eso….Si estás enfadado sabiéndolo... la Presencia está ahí de fondo. Eso significa estar presente de alguna manera, aunque esto es muy difícil de conseguir cuando uno siente rabia o ira, ya que estas son emociones muy fuertes que tienen mucho poder de generar inconsciencia.
Por ejemplo si sabes que la ira se ha apoderado de ti hasta cierto punto, entonces no estás totalmente poseído por la emoción porque parte de tu atención se ha dirigido hacia la comprensión de la situación. Si puedes observa la situación desde fuera, tienes el poder de hacer algo por cambiarla.
Observar no debería confundirse con juzgar. La presencia es clara como un espejo, no hay juicio. Es como un espejo que devuelve la imagen de lo que existe.
Hay dos dimensiones: la de la personalidad que actúa y la del observador que la observa. . Y el observador no juzga lo que está observando. Simplemente “es”. El observador está más allá del tiempo y observa cosas que se encuentran dentro del tiempo, cosas condicionadas por el pasado como por ejemplo la conducta y el pensamiento, así que de esa manera el observador puede traer a esta dimensión del tiempo, ese espacio que está más allá de él.
Hay que tener en cuenta que a no ser que sea lo que nuestra alma necesite, no importa el mundo exterior para nuestra felicidad... la casa grande, los carros que tienes o el éxito que consigas en este mundo... Si tu alma no está bien, estas cosas no te harán feliz. Lo más importante es el espacio interior. En cualquiera que sea la situación nuestra prioridad siempre tiene que ser cuál es nuestro estado interno y después de eso pensar en la situación externa... Porque sólo cuando tu estado interno está alineado con la presencia, puedes enfrentarte de manera adecuada a la situación externa.
Todas las cosas son transitorias...
Cuando no reconoces lo transitorio de las cosas ¿qué haces? Te aferras a la situación internamente, te apegas a ellas. Y entonces cuando la situación pasa...Uno se aferra a ese buen momento porque tiene miedo a que las cosas cambien, el miedo es el motor del apego.
Cuando no quieres que la situación cambie o no quieres cambiar la situación demuestras que tienes miedo de lo que pueda venir, por lo tanto, con ese miedo rondando tu momento presente, no puedes ser feliz del todo.
Hay que dejar que las cosas sigan su curso. . Podemos aprender a aceptar el cambio y dejar que ocurra de manera natural. Esto forma parte del “esto también pasará” porque vivimos en un mundo en el que las cosas cambian continuamente, mueren. Los budistas lo llaman la “impermanencia”. Es una de las verdades más profundas de Buda.
El problema viene cuando esperas que todo siga igual para siempre, de ahí vienen muchos de los problemas de pareja. Parece que somos incapaces de dejar marchar situaciones o personas y eso nos trae sufrimiento.